En el libro de Apocalipsis, Juan menciona el término «bestia», ¿a quién se refería Juan exactamente? ¿Acaso es un personaje malo y despiadado como la religión regularmente lo quiere explicar? Veamos lo que Jesucristo hombre nos revela al respecto:
Bestia es una expresión que se usa comúnmente para referirse a una persona ruda o ignorante (según la Real Academia Española) es decir, es una forma despectiva para referirse a quien se considera que habla erróneamente.
Bíblicamente la expresión bestia también se refiere directamente al hombre, veamos en:
·Salmo 49: 12 y 20 dice: «Mas el hombre no permanecerá en honra; es semejante a las bestias que perecen».
·Eclesiastés 3: 18-19. «Dije en mi corazón: Es así, por causa de los hijos de los hombres, para que Dios los pruebe, y para que vean que ellos mismos son semejantes a las bestias».
·Tito 1: 12 dice: «Uno de ellos, su propio profeta, dijo: Los cretenses, siempre mentirosos, malas bestias, glotones ociosos».
·Apocalipsis 13: 18 dice: «Aquí hay sabiduría. El que tiene entendimiento, cuente el número de la bestia, pues es número de hombre. Y su número es seiscientos sesenta y seis».
Juan tuvo una serie de visiones de las cuales no tuvo revelación (explicación) y así como vio, así escribió, como le sucediera también a Daniel quien oyó y no entendió (Daniel 12: 8). Juan fue miembro del evangelio de la circuncisión (Gálatas 2: 7-9) por lo tanto creía y enseñaba un evangelio diferente al de Pablo, y no recibió de Pablo el amor de la verdad (2da., Tesalonicenses 2: 10,11) lo que trajo como consecuencia que Dios le enviara un poder engañoso para que creyera a la mentira; y dicho poder se lo envió a través de un ángel del cielo (Apocalipsis 1: 1/ Gálatas 1: 8).
Con base en lo anterior, es fácil entender las muchas contradicciones del Apocalipsis con las 14 epístolas de Pablo, por ejemplo la expresión: «Al que venciere», que es contraria a la usada por Pablo: «…somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó» (Romanos 8: 37); o la expresión: «Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca» (Apocalipsis 3:16), que es contraria al evangelio de la incircuncisión que dice: «Si fuéremos infieles, él permanece fiel; El no puede negarse a sí mismo.» (2da., a Timoteo 2: 13). Y así muchísimas más que demuestran la turbación en medio de la cual Juan escribió lo que vieron sus ojos.
Dentro de las muchas visiones que tuvo el anciano Juan en Patmos, estaba un hombre que enseñaba igual que Pablo, por lo cual no dudó en referirse a quien vio como una «bestia» (un hombre que hablaba locura). Es obvio que se refería despectivamente al hombre que veía, ya que enseñaba exactamente lo contrario a lo que él defendía y enseñaba, que era el evangelio de la circuncisión.
Conclusión: La bestia que vio Juan, fue un hombre que venía a vencer a los santos (recuerde que los santos son más que vencedores), es decir, vendría a convencerlos de que han estado en tinieblas y engaño, esa era la lucha para vencer a los santos, o sea la iglesia; es una lucha doctrinal en la mente de cada creyente.
Pero según Pablo el hombre que vendría a aclarar lo oculto de las tinieblas (1ra. a los Corintios 4: 5), sería el Señor en su segunda venida, por tanto la bestia que vio Juan fue al Señor en su última manifestación humana en la tierra, Jesucristo Hombre (1ra., a Timoteo 2: 5).